miércoles, septiembre 19

El nómada.



Don Diego había envejecido. Su barba estaba abundosa, crespa y candida como una ola rompiendo en un peñascal, y su cabellera larga, hirsuta y blanca como una encina nevada.

A poco de expatriado, rodaba el Caballero de consulado en consulado español. Y así arrastro su hambre por las tierras americanas, y arribó a la vieja Europa. Vio artistas y hombre s de sabiduría; de ellos calvos, de ellos con barbas y cabelleras proféticas como las suyas. Y las quiso tiernamente, porque al volver a su patria vencido y miserable, ellas guardarían la evocación de su vida peregrina, horra de miradas tenaces de paisanos.


Gabriel Miró.


Me imagino que una cabellara profética es algo así:












3 comentarios:

Garcín Altoalcázar dijo...

¡Merol!

Erranteazul dijo...

Así o un poco más si se puede.

Szeryng heir dijo...

¿Qué tal una como la de Leonardo Boff?