miércoles, julio 1

De cuando me miré en un fragmento de mi espejo.


Ese paso de confianza que da el dinero. Voz impostada, con el timbre constreñido por la frivolidad. El metal tan típico del aristócrata. Ella rubia, delgada, con los rasgos de sus antepasados celtas. No es guapo: rasgos acerados, buena estatura y la sana melena negra; pero el conjunto no brilla. Algo falla. Pero el dinero lo suple casi todo. En el andar, en la mirada denodada (sus ojos cetrinos se posan sin pudor en los míos), en la calidad ósea de su cuerpo, en cómo sutilmente la desprecia y ella, sin saberlo, lo acepta; ahí es donde brilla; ahí es atractivo (para quien pueda verlo. Ella puede).

Jóvenes.

Se sientan. Yo atrás, mirando a hurtadillas. Yo leyendo, mientras escucho. Yo interesado por la gélida belleza de ella. Todo en momentos consecutivos, con ausencias mínimas de tiempo; mas ausencias, al fin y al cabo. Ordena; ella acata. Todo en silencio: en los modos, en la elección del tema de conversación y su desarrollo: “si dices esto, yo lo redondeo; si crees que sabes más de este tema, te engañas: yo sé más; ¿crees que has reflexionado sobre eso más que yo? te equivocas, pues yo soy el hombre y tengo que primar. El Pene tiene que primar”. Verbo mental apenas concientizado. Modo sutil de gobierno sobre el otro, sobre ella. Espíritu que los gobierna y que ha gobernado su linaje. Ella lo acepta. No se da cuenta. Ríe. Se ensimisma. Tal vez lo intuya; tal vez le gusta. La buena cuna de ambos lo justifica.

Temas baldíos. El lenguaje es parco, lleno de expresiones vulgares que, como efluvios, ascendieron (y ascienden) de las clases bajas para posarse en las lenguas bien nutridas: "¿Neta?, ¡No manches!, ¡Pus me late!, ¿Neta?, ¡No manches!..." Pero el metal de alcurnia arropa lujosamente las expresiones, confiriéndoles licencia de expresión entre los reyezuelos. Y el tono suave, lento, arrastrado, lingual (yo diría más bien lengüil) con el que ella pronuncia “¿Neta?”, es excitante, erótico. También tiene ciertos visos de ridiculez. El suyo, en cambio, es alto, grave, cortesano. Su “¿Neta?” lleva el sello de la seguridad, seguridad fincada en el dinero y las amantes de su padre. En su futuro resuelto.

Expresso doble hasta las heces. Agua mineral con hielos. Cara de interés leyendo un libro eterno (La Historia del Cristianismo). Todo en momentos consecutivos, con ausencias mínimas de tiempo; mas ausencias, al fin y al cabo. Pienso en mí. Escribo esto como mirándome en un espejo. Ellos son mi espejo. Un fragmento del espejo.

Possente spirto de L´Orfeo. El viejo Monteverdi. Llovizna. Camino al coche con esquirlas de agua en los anteojos que fragmentan mi visión de la realidad.

8 comentarios:

Juan Manuel Escamilla dijo...

En suma: muy mal.

Phi.Lord Chandos dijo...

De la verga.

david-. dijo...

…¿neta?

Phi.Lord Chandos dijo...

Parecemos unos pinches locos.

Juan Manuel Escamilla dijo...

Somos, ¿no?

david-. dijo...

Pero nos pagan ¿no?

Phi.Lord Chandos dijo...

Pinches locos.

Elena Pietrini S. dijo...

No agregaré a la conversación nada más que esto:

La fotografía es excelente.



(Lo demás, ya lo hemos comentado)

Un beso :*