viernes, abril 9

Estado-araña


Hace seis meses recibí un mensaje en mi celular que decía: “por disposición oficial usted tiene que registrar su número celular…”. Me enojé. Mucho. ¿Por qué tengo que registrar mis datos personales, mi sexo sobre todo, en una base anónima? Qué cinismo. El Estado mexicano es corrupto hasta en sus entrañas más íntimas. Políticos, policías y altos mandos del ejército coludidos con el narcotráfico son el pan nuestro de cada día. Por favor: ¿a quién quieren engañar? El uso de mis datos personales puede ser cualquiera: para bien o para mal. Un Estado fallido pretendiendo que no lo es. Pretendiéndolo con la amenaza, con el poder, pero sin autoridad alguna. Con todo, y después de una larga cavilación, me dije: “bueno, debe ser un medio efectivo para evitar la extorsión, el secuestro y demás porquerías patrocinadas por la tecnología celular”. Envíe el mensaje. Como es natural, en algo me equivoqué: recibí un mensaje de mi intento fallido. Volví a la carga, con más tiento: nada, me equivoqué otra vez. A veces, eran la mayúsculas, otras, la minúsculas… Cuatro intentos. Error. Creo que ahora lo que me faltaba era mayor espiritualidad. Una vez más: parece que mis pecados personales eran demasiados para darme de alta. En fin, no pude.

Como el sistema de registro era inextricable, el ciudadano de a pié desconfía sanamente de cualquier intimidad con el Estado y el pueblo llano es negligente, nadie registró su número. El Estado-araña arremetió en estas últimas semanas: “Si no hay registro, no hay comunicación”. ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Dónde? ¡Dios mío! A ver, a ver: El Estado, y no sólo en el gobierno del autoritario de Calderas, sino desde Victoriano Huerta, ha fomentado una guerra civil ilegal o legal en este pobre país. El miedo, la inseguridad, y en definitiva, el llanto y rechinar de dientes, han sido la materia de lo que ha estado construida la realidad cotidiana del mexicano, y más a últimas fechas, con la militarización del país. ¿En qué cabeza cabe exigir a los ciudadanos, temerosos de su gobierno, de sus leyes, de sus intrigas, registrar sus datos personales en una base que maneja nuestro contrahecho Estado? Poder sin autoridad, autoridad sin ley: ¿no es verdad que la soberanía, dice la Constitución, reside y permanece en el pueblo? Si nuestro es el poder absoluto y perpetuo de un República, entonces ¿por qué se nos imponen cosas que ni siquiera se nos han consultado? Ah, ya me acordé: por la representatividad que tiene el parlamento. Ja, ja, ja. Identidad entre legisladores y voluntad popular. O sea: por un acto privado y cuantitativo, como es el voto, doy un poder público y cualitativo. Por un voto de un minuto, doy años de poder legislativo a unos cuatitos. Además, no los podemos despedir cuando incumplen (como reyezuelos: sólo son responsables frente a su conciencia), pero ellos sí pueden hacer renunciar al Presidente. No, no, no. Desproporción sin igual. La Inquisición mexicana fue, al menos en este punto, más franca que nuestro moderno “Estado de derecho” al condenar en 1808 la doctrina de la soberanía popular como una herejía. Nuestro Estado-inquisición no la condena, la hace desaparecer, tras el perverso velo legitimador de la “identidad democrática y liberal entre gobernantes y gobernados”. La representación. ¡Ay la representación! El hombre hecho para la ley; el hombre convertido en ley. El “pueblo” como concepto legitimador de los peores horrores.

No creo que tal registro solucione en nada los delitos. Es, como siempre, querer tapar el sol con un dedo. Es, de nuevo, el cortillo de luces de Caldi queriendo imponer sus frivolidades. Se crearán nuevos medios para intimidar a las personas, se fabricarán chips que no tengan registro, se utilizarán identidades ajenas para cometer fechorías, inventarán CURPS, etc.

El día de mañana, quien no haya podido (por no tener CURP, como cientos de miles de personas, sobre todo aquellas que se encuentran por su condición social expulsadas del Estado) o querido por sentido común registrar su celular, sentirá la imposición de un poder sin legitimación, la afilada pata velluda de nuestro arácnido Estado: cancelarán el uso del principal instrumento de comunicación. ¿Y el enojo, la impotencia, el sentimiento de injusticia de los ciudadanos? Ah, lo olvidaba: por el voto mayoritario, el Estado y los poderes de la unión pueden hacer lo que le salga de sus malhadados huevos.

1 comentario:

Artemisia dijo...

Qué mal las arañas disecadas, diseccionadas, muertas y agonizantes que escogiste para ilustrar tu post :-/

...pero sí creo que ejemplifica totalmente al estado-araña: muerto, retorcido, dislocado y despellejado.

Lo que nos hicieron de los celulares me pareció como si nos tatuaran para entrar a algún campo de concentración (si es que no estábamos ya adentro, no?)

Maldito estado-araña: o entras en sus redes o te quedas flotando como espora en algún otro limbo. En las dos, te jodes.