jueves, abril 12

Poeta



Recién leí "El amigo Manso", una novela de Benito Pérez Galdós. Quiero reproducir unos párrafos de este libro porque me recordaron a un hombre que ustedes bien conocen (acepto que no todo cuanto allí se dice le queda... pero muchas cosas sí) y porque esta asociación de personaje literario con personaje metaliterario me hizo reír un buen rato. Ustedes juzgarán (Alonso: tienes que leer más libros de Galdós; sostengo que es una de las plumas más exquisitas y geniales del castellano):



"Desde las primeras reuniones se hizo amigo de la casa y al poco tiempo llegó a ser concurrente infalible a ella, un poeta de los de tres por un cuarto...

- XII -

¡Pero qué poeta!

Era de estos que entre los de su numerosa clase podía ser colocado, favoreciéndole mucho, en octavo o noveno lugar. Veinticinco años, desparpajo, figura escueta, un nombre muy largo formado con diez palabras; un desmedido repertorio de composiciones varias, distribuidas por todos los albums de la cursilería; soberbia y raquitismo componían las tres cuartas partes de su persona: lo demás lo hacían cuello estirado, barbas amarillentas y una voz agria y dificultosa, como si manos impías le estuvieran apretando el gaznate. Aquel pariente lejano de las musas (no vacilo en decirlo groseramente) me reventaba. La idea pomposa que de sí mismo tenía, su ignorancia absoluta y el desenfado con que se ponía a hablar de cuestiones de arte y crítica me causaban mareos y un malestar grande en todo el cuerpo. Vivía de un mísero empleíllo de seis mil reales, y tal tono se daba, que a muchos hacía creer que llevaba sobre sí el peso de la Administración. Hay hombres que se pintan en un hecho, otros en una frase. Este se pintaba en sus tarjetas. Parece que el Director General le había elegido para que le escribiese las cartas, y estimando él esto como el mayor de los honores, redactaba sus tarjetas así:

Francisco de Paula de la Costa
y Sainz del Bardal
JEFE DEL GABINETE PARTICULAR
DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DIRECTOR GENERAL DE BENEFICENCIA Y SANIDAD

Luego venían las señas: Aguardiente, 1.

Y a la cabeza de esta retahíla, la cruz de Carlos III, no porque él la tuviese, sino porque su padre había tenido la encomienda de dicha orden. Cuando este caballerito daba su tarjeta por cualquier motivo, le parecía a uno que recibía una biblioteca. Yo pensaba que si llegaba un día en que por artes del demonio hubiera de inscribirse el nombre de aquel poeta en el templo del arte, se habría de coger un friso entero.

Actualmente han variado las tarjetas; pero la persona no. Es de estos afortunados seres que concurren a todos los certámenes poéticos y juegos florales que se celebran en los pueblos, y se ha ganado repetidas veces el pensamiento de oro o la violeta de plata. Sus odas son del dominio de la farmacia por la virtud somnífera y papaverácea que tienen; sus baladas son como el diaquilón, sustancia admirable para resolver diviesos. Hace pequeños poemas, fabrica poemas grandes, recorta suspirillos germánicos y todo lo demás que cae debajo del fuero de la rima. Desvalija sin piedad a los demás poetas y tima ideas; cuanto pasa por sus manos se hace vulgar y necio, porque es el caño alambique por donde los sublimes pensamientos se truecan en necedades huecas. En todos los albums pone sus endechas expresando la duda o la melancolía, o sonetos emolientes seguidos de metro y medio de firma. Trae sofocados a los directores de Ilustraciones para que le inserten sus versos, y se los insertan por ser gratuitos; pero no los lee nadie más que el autor, que es el público de sí mismo.

Este tipo, que aún suele visitarme y regalarme alguna jaqueca o dolor de estómago, era uno de los principales ornamentos de los salones de mi hermano, pues si este no le hacía caso, Lica y su hermana le traían en palmitas por la pícara inclinación que ambas tenían al verso. Excuso decir que a los dos días de conocimiento, ya D. Francisco de Paula de la Costa y Sainz del Bardal... ¡Dios nos asista!... les había compuesto y dedicado una caterva de elegías, doloras, meditaciones y nocturnos en que salían a relucir los cocoteros, manglares, hamacas, sinsontes, cucuyos y la bonita languidez de las americanas."

5 comentarios:

Garcín Altoalcázar dijo...

¡Pero qué duro sois!

Josemaría Llovet Abascal dijo...

Alonso: te recomiendo "Fortunata y Jacinta". Es lo mejor que he leído de Galdós. Creo que es mucho más pretencioso que "Miau". No he tenido el gusto de leer "Misericordia", pero si te impactó, seguramente es un libro que hay que leer. Debo decir, además, que Galdós no me ha decepcionado ni una sola vez. Estoy dispuesto a leer hasta sus Episodios Nacionales.

Phi.Lord Chandos dijo...

Absolutamente duro.

Josemaría: primero, es un milagro verte por estos lares; después, en esta semana tres personas, incluyéndote, me han recomendado leer a este excelentísimo literato. Lo haré. Aunque también es cierto que ya he leído dos novelas suyas: "Misericordia" y "Miau". Me impactaron profundamente.


Salud, y a seguir publicando.

El Lord.

Don Jorge dijo...

Jovencitos,
A ustedes se les ha secado el cerebro por tanto leer literatura y poesía y dejar de lado los comentarios de Toas a Aristóteles.
Que consté que les advertí cuando constaten que el IQ les ha bajado a menos 1000 puntos.

Josemaría Llovet Abascal dijo...

Eso de jovencitos... ¿incluía a Galdós?