sábado, abril 21

Respuesta al post anterior

Francisco de Paula de la Costa
y Sainz del Bardal
JEFE DEL GABINETE PARTICULAR
DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DIRECTOR GENERAL DE BENEFICENCIA Y SANIDAD

Recién se ha publicado, maliciosamente, mi venida al ser. Léase el post anterior antes de hacerse lo propio con este, por favor.

El referido post está lleno de vergonzosas difamaciones y rezuma mala leche contra mía. Mi memoria olfativa aún está picada del olorete a carroñero que me dejó su lectura. Pero no se deje llevar el lector del empalagoso lenguaje emotivo, que tan injustamente opaca la verdad del asunto. Quiero poner los puntos sobre las íes.

Acá, en el gremio, se sufre mucho. Y aunque usted no está para escuchar las cuitas de un personaje literario, se las cuento. Falaces críticas literarios encomian héroes, eternizan quijotes y sanchos, ladies McBeth. Desde personajes hechizos quieren reformularse el mundo los hombres de letras. Pero nadie sabe los auténticos tormentos que sufrimos. Que, al menos yo, sobrellevo como me permite mi corazón cuitado.

Uno se pasa tanto tiempo entre tinta, antes que al demiúrgico escritor se le ocurra llamarlo… cualquiera sabe que éste no es un ambiente para vivir. El artífice va destilando, como paciente hombre de alquimia, sus frustraciones sobre el papel. Vive vidas que no tiene –que no puede, porque le falta arrojo. Realiza imposibles, expone, con apariencia inocua, sus más estrafalarias doctrinas. Y de todo esto la víctima soy yo.

Si ya de por sí es crudo y triste ser un personaje literario, tener que ser justo aquello que decide el autor que ha de ser, sin poder uno decir nada que no haya pensado previamente el creador, cuánto más difícil es mi caso. Pérez, he de decirle, lector amable, destiló en mí su personalidad. ¡Pero no se crea que lo más sublime, no! Creó un guiñapo con lo peor que habita su persona. La configuración de mi ser es mera catarsis de todo lo que él mismo desprecia de sí mismo.

Ponte en mi lugar, lector. Y déjame tutearte, ya que estamos en estas intimidades. Soy la sumatoria sarcástica de las frustraciones de ese señorsillo. ¿No es patético? ¿No debería bastar esto para haberme hecho un suicida, al menos? ¡Pero ni eso! El pedante Galdós no me ha querido otorgar ni siquiera el descanso de la tumba.

Maldigo el día en que vine al ser. Si sólo fuera un narrador omnisciente, un personaje relevante, un clásico… Pero soy relleno a penas. Un pretexto para llenar folios.

Algunos dicen de nosotros que tenemos vida propia. Nada más lejos de la verdad. No somos capaces de añadir una coma, ni un ápice de ingenio, al de nuestro artífice. Vivimos según las leyes propias de la literatura. Y hay que decir que este gobierno es una tiranía.


Ojalá mi autor fuera, por lo menos, un Miguel Unamuno de la vida. Nadie habrá dejado de emocionarse con la rebeldía del personaje principal, en la última parte del libro, contra su autor. Podríamos dejar hacer a nuestro poeta otro tanto contra el muy respetable señor Perez G. Aunque más justo sería dirigir las erratas al fiscal hidalgo Josemaría Llovet A. (este apellido lo omito, por las implicaciones moralistas con que está cargado, que podrían predisponer en su contra al objetivo observante).

5 comentarios:

Phi.Lord Chandos dijo...

Ahora ya sé que estabas haciendo en el Starbucks mientras yo leía los ensayos balthasarianos.

Me dijiste que no estabas inspirado; tenías toda la razón (en buena lid).

Prefiero la sobriedad de la prosa que ya habías conquistado. La venganza no siempre es un buen "motiv" literario.

Salud!

Anónimo dijo...
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Garcín Altoalcázar dijo...

¡¡¡TOTALMENTE!!!

Utilizo tu expresión, nunca mejor:

Estoy "desmusado".

Qué horror.

Disculpe usted, lector amable. No seré, en lo sucesivo, tan abominable. Algo han de hacer las musas, que ahora parecen dormir y abandonarme.

Repararé con algún texto de inspiración. Ya llegará. O reciclaré (viviendo de las rentas).

¡Salud!

Josemaría Llovet Abascal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Josemaría Llovet Abascal dijo...

¿Acaso puede encontrarse la inspiración en un Starbucks? Esto me recordó la segunda de nuestras reuniones, que tuvo lugar precisamente en un Starbucks y en la cual leímos un texto tuyo. Mucho ha mejorado tu prosa desde entonces (sin que con ello quiera decir que aquélla fuese mala) y por suerte hemos encontrado un lugar mejor para departir y eventualmente "degustar" algo más que sucedáneo de café y un vaso con agua y hielos ("muy eventualmente", si se perdona la expresión).

Francisco de Paula de la Costa y Sainz de Bardal, alias Juan Manuel Escamilla González Aragón:
creo que en tu intento de rebelarte contra tu creador, probaste que no se equivocó en su descripción. De cualquier manera, ser un personaje galdosiano de relleno es ya superar nuestras expectativas literarias. Enhorabuena.