viernes, febrero 8

Aves de mal agüero

-¿Viste eso? —preguntó entusiasmado.
-¿Qué?
-¡Le dí! ¡Le dí!
-¿En qué parte?
-En el hombro. Después resbaló un poco en la espalda.
-¿Y ¿qué hizo?
-Nada. Creo que no se percató.
-Voy a intentarlo.
-Ahí viene uno. Apunta justo a la cabeza.
-Deja lo mido. Casi..., casi..., casi... ¡ahora!
-¡Mierda! —exclamó un anciano que pasaba debajo de los cables. Tomó el pañuelo de su bolso. Limpió su cabeza con el pedazo de tela. Y, nuevamente, echó a andar.

6 comentarios:

Iván dijo...

jajajaja

que mal plan.

Bue, así pasa.

Saludos

Garcín Altoalcázar dijo...

Qué frescura de relato, enhorabuena, Lexis.

Oye, ¿qué calvas famosas te gustaría apedrear?
--Yo ya pensé en el Doctor Ll. Ehm, "ya no" lo escribiré, por temor a los francotiradores.
--Ya, ¿nooo? Bájale.
--Perdón. Paranoia.

J.P. Castel dijo...

Siempre he considerado la calva de un eminente profesor, experto en la Física y Metafísica de Aristóteles, como la más seductora para un buen coco.

The Phoenix dijo...

A mi me gustaría atinarle al capelo de cierto cardenal que está convocando a cierta marcha para cierto día de febrero en cierto Distrito Federal.

Gabriela dijo...

JAJAJAJAJA

me gustaria ser una paloma potona XD

Artemisia dijo...

A mí me recordó a cierta anécdota de Edwin en su ataque con una naranja...